
“Al único que hace grandes maravillas; su gran amor perdura para siempre. Al que con inteligencia hizo los cielos; su gran amor perdura para siempre. Al que expandió la tierra sobre las aguas; su gran amor perdura para siempre. Al que hizo las grandes luminarias; su gran amor perdura para siempre. El sol, para iluminar el día; su gran amor perdura para siempre. La luna y las estrellas, para iluminar la noche; su gran amor perdura para siempre”. Salmo 136:4-9 NVI
Qué fácil es olvidarse del enorme poder de Dios cuando nos enfocamos en los problemas que nos aquejan y no en quien tiene el poder y la autoridad para hacerlos desaparecer con sólo pronunciar una palabra.
Nuestra miopía espiritual es la responsable de que no nos demos cuenta de que por encima de todo está Dios el creador del universo.
Él es quien tiene el poder de la palabra creadora -y destructora- para eliminar toda piedra de tropiezo en nuestro sendero hacia la santidad.
Él es quien nos ha amado con un amor que supera todo entendimiento y nos ha traído a su regazo para que como hijos de él podamos disfrutar de todas las bendiciones que nos corresponden.
No mires cuan grande es tu problema.
Observa cuan pequeño se torna cuando lo comparas con el infinito poder de Dios.
He aquí la clave del asunto.
Amén.














Pregúnta