
“El Señor es la fortaleza de su pueblo, y un baluarte de salvación para su ungido”. Salmo 28:8 NVI
Cuando encontramos oposición o adversidad en nuestro camino podemos levantar nuestro rostro a nuestro Señor para buscar su protección y ayuda.
Esta debería ser nuestra reacción inmediata ante las dificultades.
No obstante, muchas veces nos enfrascamos en tratar de resolver las cosas por nuestros propios medios y con nuestras propias fuerzas y nos desentendemos de la gran oportunidad que pudiéramos estarle dando a nuestro Señor para que se manifieste con poder y su nombre sea exaltado.
Es como decirle a él…
- No te necesito.
Y eso es un desaire.
Fijémonos más bien en la enorme cantidad de atributos que Dios tiene con relación a nuestras necesidades de protección. Demos un vistazo a la palabra de Dios.
Dios es mi luz y mi salvación, mi baluarte, mi resguardo, mi amparo, mi roca, mi esperanza, mi protección, mi ayuda, mi fuerza, mi escudo, mi pastor, mi fortaleza, mi refugio, mi castillo fuerte, mi justicia, mi Dios.
Así que cuando nos enfrentemos a la adversidad que nuestra reacción sea automática e inmediata.
Cobijémonos bajo la amorosa protección de nuestro Señor Jesucristo, nuestro amado Salvador.
Amén.














Pregúnta