Proverbios 3:33 NVI

17 febrero 2016

“La maldición del Señor cae sobre la casa del malvado; su bendición, sobre el hogar de los justos”. Proverbios 3:33 NVI

Hay ciertas cosas que para el espíritu de aquellos que han sido criados bajo la filosofía del postmodernismo son difíciles de entender y lamentablemente gran parte de la humanidad se haya ubicada en esta categoría de seres.

Por ejemplo, a ellos les cuesta enormemente comprender que con Dios no hay medias tintas.

Esa clara división entre el bien y el mal -sin caer en el errado dualismo- que se presenta a todo lo largo de las narraciones y enseñanzas de la palabra de Dios para ellos es simplemente incomprensible.

La imperante relatividad de nuestros tiempos los hace opinar que estas posiciones bíblicas son anticuadas maneras de entender la vida y por lo tanto, constantemente buscan maneras de diluir el impacto que estas enseñanzas tienen sobre la conciencia de quienes las escuchan, ya sea atacándolas de frente o simplemente ignorándolas como el proverbial avestruz.

Frente a Dios tenemos sólo dos opciones.

O le seguimos o no le seguimos.

O le obedecemos o no le obedecemos.

O le ponemos atención o le ignoramos.

O nos arrepentimos o seguimos siendo las bestias que hemos estado siendo toda la vida.

O nos rendimos a sus pies o rechazamos su oferta de reconciliación.

O recibimos su incomparable amor o rehusamos la más grande oportunidad que jamás tendremos.

Las consecuencias de nuestras líneas de acción están delante de nosotros por lo que ninguna excusa será aceptable para deshacernos de la responsabilidad que todos debemos asumir por nuestras acciones.

Ante las dos posibles consecuencias sólo podemos asumir dos posiciones… obedecer o desobedecer.

Lamentablemente, la raza humana ha perdido contacto con la realidad y se ha sumergido en un mundo acomodaticio en el cual todos tratan de ser lo más light que se pueda para dar espacio a la dispareja amalgama de visiones con que se pretende sustituir y satisfacer la necesidad de tener un contacto personal con nuestro creador.

En vez de escuchar y seguir a Dios el hombre se ha dejado llevar por sus impulsos carnales y esta decisión sólo puede traerle consecuencias catastróficas.

Actuemos, entonces, con sabiduría frente a la encrucijada de nuestro destino.

Sigamos la amorosa voz del buen pastor, nuestro Señor Jesucristo y tomemos el camino correcto, el camino de la vida y de la salvación.


Amén.

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