Proverbios 3:30, 31 NVI

15 febrero 2016

“No entres en pleito con nadie que no te haya hecho ningún daño. No envidies a los violentos, ni optes por andar en sus caminos”. Proverbios 3:30, 31 NVI

Uno de los beneficios de poseer la sabiduría que viene de lo alto es que las decisiones pueden tomarse a la luz de una clara y muy bien definida ética.

La ventaja de ello estriba en que como seres humanos se nos hace muy fácil racionalizar cualquier decisión que tomemos sea buena o mala.

Y es que a todo lo que hacemos le buscamos una justificación y listo ya nuestras malas decisiones dejan de ser un cargo de conciencia.

Por eso es que a tanta gente le cuesta reconocer que ha pecado cuando es confrontada por la realidad de evangelio de Cristo.

Nuestra capacidad para buscarle la vuelta a toda idea o pensamiento que implique sometimiento u obediencia a un principio ético o legal es enorme, más ahora que el post-modernismo le ha abierto las puertas de par en par a la ambigüedad.

Sabemos que defraudar al prójimo es una conducta altamente cuestionable pero cuando lo hacemos, fácilmente podemos encontrar una gran cantidad de razones para darle legitimidad a nuestras malas acciones.

La diferencia entre la sabiduría que viene de lo alta y la sabiduría terrenal es muy obvia.

La primera busca hacer siempre lo correcto mientras la segunda hace lo que quiere, sin importarle si es bueno o malo y luego lo justifica.

La sabiduría de lo alto le permite a quien la posee andar en el temor de Dios.

Reverencia, es decir respeto y obediencia a Dios es el fundamento del temor de Dios y es la base del conocimiento y la sabiduría celestial.

Reconozcamos las limitaciones que como humanos tenemos para tomar buenas decisiones y actuemos de acuerdo a la dirección que podemos recibir directamente de Dios por medio de su palabra.

Sólo así podremos estar seguros de que estamos haciendo lo correcto.


Amén.

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