Proverbios 3:1, 2 NVI

31 enero 2016

“Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas; más bien, guarda en tu corazón mis mandamientos. Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán prosperidad”. Proverbios 3:1, 2 NVI

Nadie tiene garantizada una larga existencia sobre la tierra.

Mucho menos en estos tiempos donde vivimos rodeados de una actividad dinámica e incesante y las preocupaciones son el pan de cada día.

La globalización ha permitido que los medios de comunicación masiva nos bombardeen con noticias de sucesos que ocurren en los más apartados rincones del mundo trayendo a nuestra consideración cosas de las cuales nunca nos hubiésemos enterado en un pasado no muy lejano.

Si le añadimos a esto la constante presión financiera que agobia nuestro diario quehacer nos encontramos con que el stress y las preocupaciones nos roban valioso tiempo de nuestra existencia.

Para completar, muchas veces no somos buenos administradores de la salud que Dios nos ha concedido por lo que abusamos de ella constantemente y no nos cuidamos como debe ser.

¿Queda alguna duda de por qué nuestros días se van acortando y nuestras existencias se hacen más breves?

Lo único que puede ayudarnos a recobrar el tan necesario equilibrio físico, mental, anímico y espiritual es la obediencia a las enseñanzas de Dios.

Haremos bien en averiguar qué espera Dios de nosotros y en seguir sus instrucciones para mantenernos dentro del camino que él nos ha trazado.

Busca diariamente en su palabra la necesaria dirección para tu vida y guarda en tu corazón sus mandamientos.

La recompensa será larga vida, gran satisfacción y mucha prosperidad.

¿Te parece un mal negocio?


Amén.

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