Proverbios 2:16, 17 NVI

28 enero 2016

“te librará de la mujer ajena, de la extraña de palabras seductoras que, olvidándose de su pacto con Dios, abandona al compañero de su juventud”. Proverbios 2:16, 17 NVI

Para el hombre siempre ha sido un gran misterio lo que sucede en la mente de una mujer.

Aún más misterio representa lo que pasa en la mente de una mujer infiel.

Todo de lo que es capaz por salirse con la suya y darle rienda suelta a sus pasiones carnales aún a riesgo de la estabilidad de su matrimonio es algo más allá de toda comprensión.

Los argumentos típicos que se invocan para “justificar” una infidelidad, a saber… las hormonas, la calidad de la crianza recibida, los ejemplos de los padres y la presión cultural, son fuerzas que pueden ejercer gran influencia pero no son la razón fundamental de lo ocurrido.

En la base de todo está la naturaleza pecadora del ser humano.

Otra manera de describirla es la debilidad de la carne.

En el matrimonio el hombre exige y merece respeto mientras que la mujer exige y se merece amor.

Evidentemente.

Una conducta adúltera presenta un contraste absoluto con el respeto debido al esposo.

Si bien el adulterio parece haberse constituido en algo típico para el ser humano en todas las culturas, esto no lo hace menos dañino y abominable.

Quien mantiene una relación adúltera no puede decir que está siendo controlado por el Espíritu Santo.

Todo lo contrario, esa persona está siendo absolutamente controlada por su naturaleza carnal, el mundo y Satanás, es decir, está en manos del enemigo.

Olvidemos el pasado y corramos hacia nuestro futuro celestial, obedeciendo siempre los preceptos de Dios.


Amén.

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