Proverbios 1:22 NVI

15 enero 2016

“¿Hasta cuándo, muchachos inexpertos, seguirán aferrados a su inexperiencia? ¿Hasta cuándo, ustedes los insolentes, se complacerán en su insolencia? ¿Hasta cuándo, ustedes los necios, aborrecerán el conocimiento?”. Proverbios 1:22 NVI

Inexperiencia, insolencia y necedad son tres cosas que se enfrentan a la sabiduría para impedir que el hombre pueda ver la luz y salve su vida.

La inexperiencia lo lleva a cometer numerosos errores con dolorosas e imprevisibles consecuencias, no sólo para él sino también para sus seres queridos.

Pocas personas analizan que fue lo que los condujo a caer en el error y por lo tanto no aprenden de sus propias experiencias.

Es evidente que este tipo de personas tampoco aprenderán de los errores de los demás.

También hay quienes tercamente se aferran a hacer las cosas de cierta manera todo el tiempo esperando lograr resultados diferentes.

Alguien dijo que ésta era una buena definición de lo que es la locura.

Por otro lado tenemos a la insolencia.

El insolente  es “un loco suelto” o “un mono con una hojilla” por usar dos expresiones que se utilizan popularmente para describir a estos individuos.

Un insolente es irrespetuoso con todo lo que tenga que ver con la autoridad, llámese Dios, padre, maestro, jefe, líder o agente de la ley.

Las armas del insolente son la burla y la desobediencia.

Su placer es la anarquía.

Finalmente, la necedad se opone violentamente a la influencia de la sabiduría porque el necio se considera a sí mismo como superior a todo los demás.

Cualquier enseñanza que no provenga de sí mismo será considerada como inválida e innecesaria.

Al necio no le interesa saber lo que piensan los demás porque las ideas de otros no tienen cabida en su estrecha mente.

Como podemos observar, estas tres funestas consejeras, inexperiencia, insolencia y necedad son un lastre y una atadura en nuestros pies en el camino hacia la sabiduría.

Ignorar su presencia en nuestra vida -aunque estén presentes en limitadas proporciones- nos puede llevar directa y fácilmente al fracaso.

Identifiquemos, que aspectos de nuestra vida están dominados por estas dañinas actitudes y corrijamos nuestro actuar para que nuestro camino hacia la sabiduría no se vea impedido u obstaculizado.

Hagamos a la sabiduría nuestra permanente compañera.


Amén.

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