Proverbios 1:20, 21 NVI

13 enero 2016

“Clama la sabiduría en las calles; en los lugares públicos levanta su voz. Clama en las esquinas de calles transitadas; a la entrada de la ciudad razona”. Proverbios 1:20, 21 NVI

Hay quienes piensan que para alcanzar la sabiduría hay que embarcarse en una larga excursión a pie hasta el Tíbet y que en una remota y pequeña villa en la ladera de una alta montaña encontrarán un sabio monje que les dará las respuestas a sus inquietudes e interrogantes.

Otros piensan que la sabiduría la van a encontrar visitando a un popular gurú en la India y poniendo mucha atención a sus enseñanzas y prestidigitaciones.

Aún otros visitan monasterios ubicados en inaccesibles desfiladeros de montañas en medio del desierto, donde pareciera que el tiempo se ha detenido para siempre, buscando aunque sea una pista para hallar reposo y alivio a su desazón.

Están quienes tratan de hallar el significado de sus vidas en la práctica de antiguas religiones tribales de África o Sur América o en una sincretización de ambas.

Y también hay quienes se la pasan toda una vida estudiando e investigando y hasta batallando para obtener un diploma de una prestigiosa casa de estudios superiores con lo cual suponen podrán obtener libre acceso a la sabiduría.

De estas y muchas otras maneras, la gente busca encontrar algo que les resulta muy elusivo.

La palabra de Dios nos enseña que la sabiduría no está circunscrita a un lugar específico o un determinado espacio geográfico.

A través de la conciencia o en medio de un silencio profundo o quizás en una ruidosa calle de una gran metrópoli se le podrá hallar siempre y cuando la busquemos con un propósito noble y con una actitud adecuada.

Para ello debemos abandonar las actividades propias de los necios y obedecer los mandatos del Señor.

La palabra de Dios nos dice que el comienzo de la sabiduría es el temor del Señor, conocer al Santo es tener discernimiento.

También nos dice que si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.

Por otra parte dice que para los que Dios ha llamado, lo mismo judíos que gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios.

Y finalmente nos dice que en Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

Creo que ya sabes por dónde empezar a buscar.


Amén.

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