Proverbios 1:15, 16 NVI

10 enero 2016

“¡Pero no te dejes llevar por ellos, hijo mío! ¡Apártate de sus senderos! Pues corren presurosos a hacer lo malo; ¡tienen prisa por derramar sangre!”. Proverbios 1:15, 16 NVI

El mundo y sus secuaces tienen un sólo propósito: destruir nuestra alma.

Para ello se valen de todo tipo de artimaña que nos puedan hacer desviar del sendero recto que nos lleva hasta Dios.

Ante nuestros ojos desfilarán todos los reinos del mundo y su esplendor para atraernos y separarnos de los planes de Dios.

Con engaños nos harán creer que nuestra posición en Cristo no tiene valor y que no vale la pena esforzarse mucho por seguir las enseñanzas del Señor.

Nos harán creer que seguir a Cristo es algo anticuado y dogmático y que a la luz de los grandes avances científicos y filosóficos se ha podido demostrar que el cristianismo es sólo un mito.

El mundo utilizará todo lo que esté a su alcance, que es mucho, para confundirnos y para que apartemos nuestra mirada de Cristo.

Si todos los hijos de Dios se dieran cuenta de la manera tan sutil como el mundo se nos mete por los ojos y trata de tomar control de nuestra mente y nuestro corazón no habría tantos casos de cristianos caídos y derrotados.

Busquemos la sabiduría que viene de lo alto, del trono de Dios para que podamos movernos por el mundo sin ser víctimas de sus trampas y engaños.

Con la mirada firme sobre la meta y olvidando todo lo queda atrás esforcémonos por correr la carrera con la mirada fija en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe para que no nos cansemos ni perdamos el ánimo.

Con amor esperemos su venida que no tarda en llegar.

En vez de correr a hacer lo malo, apresurémonos siempre a hacer lo bueno, lo que agrada a Dios.

De esta manera estaremos honrando el nombre Cristo, el cual está sobre todo nombre en toda la creación.


Amén.

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