“Por causa de todos mis enemigos, soy el hazmerreír de mis vecinos; soy un espanto para mis amigos; de mí huyen los que me encuentran en la calle. Me han olvidado, como si hubiera muerto; soy como una vasija hecha pedazos”. Salmo 31:11, 12 NVI
A veces las pruebas a las cuales somos sometidos nos llevan a un estado tan deplorable que nos volvemos despreciables a los ojos de compañeros y amigos.
Todas las personas con quienes usualmente tenemos contacto nos evitan y nos sacan el cuerpo.
En estos momentos el desprecio se convierte en una vejación adicional a la prueba a la cual ya estamos siendo sometidos y nos sentimos como si ya hubiéramos llegado al final del camino.
A nuestro Señor Jesucristo le tocó pasar por una situación similar, por lo que él comprende perfectamente cuan mal nos sentimos y todo el malestar que nos agobia en tan difíciles momentos.
Por eso es que podemos acudir a él con toda confianza estando perfectamente convencidos de que él nos entenderá y nos dará la salida más adecuada a nuestras tribulaciones.
Él tiene el poder para resolver nuestra situación y la voluntad para hacerlo pronto.
Si estás en problemas ahora…
¿Y quién no lo está?
Acude a Jesucristo y tendrás la solución.
Amén.
Marzo 16 - Devocional: Tiempos Difíciles
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