“Tenme compasión, Señor, que estoy angustiado; el dolor está acabando con mis ojos, con mi alma, ¡con mi cuerpo! La vida se me va en angustias, y los años en lamentos; la tristeza está acabando con mis fuerzas, y mis huesos se van debilitando”. Salmo 31:9, 10 NVI
Cuando hablamos de poner nuestra esperanza en Dios, tenemos que estar claros que lo que esto significa es que todo aspecto de nuestra vida debe ser entregado a Dios para que él se encargue de manejarlo.
Cuando acudimos a él debemos incluir todas nuestras necesidades por triviales o pequeñas que parezcan.
No debemos dejar de mencionar todos y cada uno de los aspectos de nuestro vivir que están representando una fuente de angustia y malestar.
Si nos reservamos cualquier aspecto y no lo presentamos a Dios, estamos diciendo…
- Señor, no te necesito.
La verdad es que Dios está interesado en absolutamente todos los detalles de nuestra existencia y por lo tanto debemos rendir a él cada aspecto de nuestro ser.
Él sabrá darnos la respuesta adecuada, pequeña o grande y la angustia desaparecerá de nuestro pensamiento.
Amén.
Marzo 15 - Devocional: Tiempos Difíciles
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